Martes, noviembre 16th, 2010 | Author:

La plomada es un instrumento imprescindible para las tareas de albañileria y conviene tener algún conocimiento para manejarla con corrección. Consiste en un trompo metálico de conicidad perfecta que se suspende de un hilo, su caída libre, marca la línea perpendicular al horizonte. Cuando se dice caída libre se quiere significar que la plomada no debe apoyarse en ningún obstáculo para que su lectura sea efectiva. En el mismo hilo va enhebrada por su centro una lámina de metal cuadrada. Se la suele llamar tablilla o pastilla. La medida del centro al lado es igual a la medida del radio del trompo con lo que apoyando la tablilla perpendicular a la pared, la circunferencia de la plomada apenas tendrá que rozar la pared que estemos comprobando. Si el trompo queda apoyado o despegado de la pared es porque nos estamos saliendo de plomada.

Más alto sea el muro, esa inclinación se hará más pronunciada y corre el riesgo de desplomarse (perder el aplomo). La plomada se usa frecuentemente para levantar paredes. En este caso se aploman las reglas de las cabeceras por donde Irá subiendo el hilo de nivelación a cada hilada de ladrillo que se coloque. Si todo está bien la pared estará vertical con relación al piso. Otro caso de uso común es cuando se pretende hacer un revoque grueso para quitar las imperfecciones de una pared. En la misma se adhieren tacones de a pares: uno arriba y otro en la parte baja de la pared. Se tira la plomada entre uno y otro y cuando están correctamente aplomados se hace una faja de cemento entre uno y otro. Esta cinta servirá de guía para la regla y todo el revoque quedará en un plano vertical.

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