Martes, junio 18th, 2013 | Author:

Dentro de la infinita posibilidad de colores que se pueden obtener a base de modificar la composición de pigmentación y tonalidad, tanta o más importancia que la consideración de un color solo y en sí mismo corresponde a la diversidad de colores que pueden concurrir en uno solo, alcanzándose, a partir de ello, una armonía o un desequilibrio en el ambiente. Puede haber, desde luego, opiniones y gustos dispares respecto a la armonía entre los colores. Pueden existir predilecciones particulares a favor de un determinado color, así como, por el contrario, aversiones. Los motivos de estos sentimientos podrán ser objeto de una justificación más o menos relativa. Pero es un hecho que se debe aceptar y que es perfectamente válido para el interesado. Lo que ya resulta más difícil es conciliar entre dos o más personas el mismo gusto, la misma aversión o la misma predilección. Pero esta cuestión de compatibilidades se halla más dentro de la tolerancia de un comportamiento ético que en la aceptación de unos factores de mero valor decorativo.
Es más bien corriente que los colores de igual pureza resulten agradables a la contemplación y se presten a una aceptación general, especialmente si se hallan dentro de la misma tonalidad (es decir, con la misma aportación de negro o de blanco). Éste es el caso, por ejemplo, de ciertas combinaciones de colores como el verde hoja con el pardo; otras tonalidades más intensas como el rojo, el amarillo y el verde utilizados conjuntamente resultan del agrado generalizado.

Categoría: Grandes Ideas
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